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FROM PRADA TO NADA - Mia Karenina Prada
MIA KARENINA PRADA
SÍ, PRADA, COMO MIS TACONES

FROM PRADA TO NADA



                                                                                                                    "Life is a-borning."
-Donna Miesbach



-Es que la vida es cíclica, Mia; nada se queda estático, todo tiene que moverse, girar, para aprender y evolucionar...- Me decía Charles mientras levantaba sus cejas y abría sus ojos como queriendo meterse en mi cabeza y hacerme entender "el maravilloso ciclo de la vida espiritual".


Los años pasan y no se van sin darse a notar. 

Arriba de mi chiffonnier ya no solo está mi organizador de maquillaje y mis revistas de moda, sino que además ya les hacen compañía las cremas antiarrugas y los múltiples sérums de ácido hialurónico, colágeno y demás sustancias a las que encomiendo mi rostro todos los días; mi carrito auxiliar ya no solo tiene mis paletas de maquillaje, brochas y demás amenidades de mujer bonita, sino que ahora también hay espacio para una maquinita de micro corriente y una mascarilla de luz LED con diversas programaciones que prometen maravillas; mi bolso ya guarda también un pastillero diario con vitaminas para la energía, NAD con Resveratrol para la eterna juventud y hasta ibuprofeno con paracetamol para la jaqueca y el estrés. En mi agenda, las citas sociales se han reducido al máximo, ya no salgo pero ni a hacer el súper; pero han aumentado mis visitas a la clínica de cosmeatría a la que asisto religiosamente, esperando que mis sesiones de hy-fu me dejen el rostro de chavita teen

...en fin, queridas Modernas, la vida cambia y nosotras, ¿también?

Yo he de confesar que, a mis treinteens, sigo siendo fan de esas pelis rosas que veía en la adolescencia y que sigo atesorando, no solo como mi cine personal de culto, sino como verdaderas biblias de aprendizaje personal; ya sé, ¡no me juzguen! Pero esas pelis son mucho más profundas que esas historias básicas de romance que siempre incluyen. Esas historias que inician siempre con una vida aparentemente completa, donde la protagonista siempre está bien, para dar paso al nudo de la trama donde todo les pasa y al final terminan enamoradas del galán de la historia. Cada que las veo me emocionan, pero siempre mi ego me interrumpe diciéndome al oído tipo "ay, como si esas cosas pasaran..." 


Pero a mí ya me pasó.


(Y no precisamente la parte donde conozco el galán 
y vivimos felices para siempre. Sadly)


Pasé a ser como Cady Heron llegando de África a North Shore High; yo de mi pueblo a la ciudad, con una maleta de sueños y mi caja de Huevo San Juan, dispuesta a romperla con todo. Comencé a construirme una vida y una feminidad con lo poco que tenía, una feminidad que estuvo tanto tiempo guardada y tenía tantas ganas de salir y comerse al mundo. Mia contra el mundo, literalmente.

Mi instinto me guio, yo solo quería ser yo, y comencé a vivirme, a disfrutarme, pero también a cuidarme, los hombres no son materia fácil de entender y yo sola en la vida no tenía más que ser más astuta que ellos, siempre a la defensiva y siendo fiel al consejo que Úrsula le dio a Ariel antes de convertirla en humana: -No olvides que tu belleza es más que suficiente-; pero yo tenía también a la inteligencia de mi lado.

Y lo logré. Me volví una mujer empoderada, chingona, fuerte y capaz, con toda la energía masculina de dominación y poder que una mujer pueda manejar, y sobre eso comencé a construir mi vida. Me volví en mi propia versión de Miranda Priestly, una Dragon Lady que se comía a todo aquel que se quisiera acercar a mí, pues no había nadie mejor que yo ni había quien pudiera más que yo. Cimenté mi vida sobre la respuesta reactiva a todos aquellos dolores del alma que no pude trabajar: temor, rencores, tristezas y resentimientos, canalizándolos en fuerza y poder. Y ahí estaba yo, encerrada en mi mundo de cristal que pensaba duro como el acero, sobre cimientos de papel y cenizas de un pasado de dolor que pensé que me ayudaría a subsistir. -"Yo no seré tonta como los demás"-, pensaba.

Yo estaba bien.


Pero así como amanece, también anochece; así como hay temporada de rebajas, hay otras donde la tarjeta simplemente no pasa; y después de creer que tenía todo cubierto y yo estaba bien, tuve mi más grande lección de humildad. Y entonces experimenté lo que sintió Bárbara Noble cuando le quitaron todo como si estuviera en Venezuela: primero el trabajo, luego los ahorros, y encima los bancos que se llevaron junto con mis últimos abonos mi última pizca de paz mental. 

Mi capacidad de dormir se esfumó cuando ya no pude pagar las tarjetas, vivía amenazada por BBVA con cobradores con la misma pinta y modus operandi que cualquier estafador del reclusorio, American Express me mandaba mil planes de liquidación con balances exagerados que obviamente no podía pagar y, a la par, el trabajo no llegaba. El dinero comenzó a escasear y por primera vez en la vida tuve que sentarme a contar moneda tras moneda y ver para qué me alcanzaba. Ya no había pedidos por Uber Eats, sino más bien una fila en la cocina comunitaria que me esperaba todos los días, para poder comprar una comida completa por 11 pesitos, 11 pesitos que a veces me costaba completar.

Y ahí estaba yo la primera vez que fui a la cocina comunitaria: de gafas enormes y oscuras, y cubrebocas que estiraba a más no poder porque quería pasar desapercibida en esa inmensa fila de gente, de la misma manera en la Mary Dominguez hacía cuando enfrentaba las calles de East LA después de dejar su mansión en Beverly Hills. -Hasta dónde he llegado, Dios mío...- pensaba, mientras me veía haciendo fila en el mismo lugar para consumir la misma comida que los menos afortunados del barrio, entre gente de la calle y vecinos iguales que yo, pero que en ese momento no tenía la capacidad de reconocer, pues en mi burbuja yo aún seguía siendo "la Princesa de Mónaco". 

Compré dos raciones de comida, le pagué a Nayeli 22 pesos y salí a prisa del lugar. Al entrar a mi casa, destapé la comida, con ese olor que alimenta que solo te puede dar la comida casera hecha con amor, monté mi mesa y entonces algo se quebró en mí y comencé a llorar.

Cuando vivimos la experiencia espiritual conocida como "La Ausencia de Dios", sentimos precisamente como si Dios no nos escuchara, como si nos hubiera soltado la mano y dejarnos a la deriva, pero no es así; Dios se encuentra lo más cerca de nosotros, dejando que las consecuencias de nuestros actos nos hagan aprender de ellos, regalándonos un silencio que nos permita reflexionar y entrar en razón. Aquel día Dios me demostró que estaba conmigo a pesar de las circunstancias, y no me permitió que en ningún momento me quedara sin techo ni alimento, mis necesidades estuvieron cubiertas todo el tiempo y yo no me daba cuenta. Entonces agradecí...

...y comenzó a llover.



Seis meses después y a través de un sueño supe dónde iba a trabajar, me llegó la confirmación por email y comencé a ver la luz a final del túnel. Ya con dinero en las cuentas pude negociar mis deudas y al cabo de un año las liquidé todo; me alegré tanto como Bárbara Noble cuando le dijeron que sus deudas habían sido negociadas, sus cuentas habían sido reactivadas y ya podía volver a su vida anterior; aunque, en mi caso, me tomó tiempo recuperarme; pues al volver la vista atrás y hacer el recuento de los daños, terminé con la autoestima por los suelos, desconfiada hasta de mi sombra, sin los incontables amigos del pasado (solo los mejores, obvio) y con +30 kilos de sobrepeso generados por la ansiedad y el estrés. 

Entendí la lección: Aprendí que definitivamente la vida es cíclica, y hay que estar preparados para eso; que el momento solo es un momento y que no tenemos nada for granted, todo puede cambiar de un segundo a otro. Aprendí de humildad, nadie vale por lo que tiene sino por lo que es; el éxito no está en lo material, sino en lo que te haga feliz, y a su vez la felicidad no está en todo lo que podamos adquirir o lograr, sino en la capacidad de disfrutarlo; pues como dice mi tía Martha Debayle: el diablo está en los detalles. El tiempo pasó y todo se fue acomodando, a pesar de que mis ingresos son mucho menores que antes, aprendí a administrar y pude (¡Por fin!) comenzar a hacerme de cositas que necesitaba en mi vida, no solo materiales, sino también para el alma...

                                                                                                       ...Entonces creí que ya todo estaba bien.


Hasta que falleció mi papá. En julio del 2025 mi hermano me contactó por la mañana para darme la noticia; sin embargo, vivo en un exilio forzado desde principio de los dosmiles simplemente por ser quien soy, y entonces, por esa misma razón, mi mamá no me permitió estar en el sepelio. Al principio lo tomé con la tranquilidad que me dan mis años de maestría espiritual, pero conforme pasaba el tiempo, mi vida se comenzó a tornarse cada vez más gris, más oscura, hasta el punto donde me quedé inmóvil sin saber qué hacer. Volvió el estrés y volvió la ansiedad, pero ahora en unos niveles altísimos hasta el grado de olvidar cosas básicas y sencillas, olvidarme de palabras a la hora de hablar y, a pesar de que ponía todo lo mejor de mí, simplemente me inmovilizaba.

Entró en riesgo mi trabajo, lo único que me daba estabilidad y que me rescató de la pesadilla del año anterior. Mi manager habló conmigo y entonces me quebré, pero toco tanto mi corazón que me di cuenta de que el problema no era físico, sino del alma: necesitaba sanar. Sanar todo aquello que perdoné pero no trabajé, simplemente ignoré y continué, tapé baches con lodo y hasta ahora, con la muerte de mi papá, se destaparon aquellas heridas de la infancia, no tanto del lado de papá, sino de mamá, y me estaba jodiendo la vida.


Y entendí que nunca estuve bien.



Esta vez no pude huir de mis problemas como Cindy Garza huyó de los suyos, tuve que enfrentarlos porque mi salud mental estaba en riesgo; pero como anteriormente sucedió, Dios no me soltó y; al contrario, me guio hacia un Ángel terrenal llamado Tere Moreno, mi psicóloga; y de nuevo, pero de manera magnificada; volví a ver al sol brillar.

En estos años desapegada del blog, pasé de tenerlo todo a no tener nada; pero es que al no tener nada, no tienes nada que perder más que aventarte a seguir adelante para volver a conquistarlo todo; pero ahora desde un aprendizaje mucho más maduro, consiente, completo y siempre buscando lo mejor para tí; y es que si nosotras no estamos bien, nada alrededor de nosotros lo estará. Somos las protagonistas de nuestras historias, y las protagonistas marcan le ritmo de las historias.

Como en esas pelis rosas, pensé tenerlo todo, me quebré y me levanté, y sigo construyendo mis sueños. Tal vez aún no llego al final de la historia donde conozco al príncipe azul y somos felices para siempre; pero qué más da si lo más bonito de la vida es disfrutar el camino, pues por más difícil que parezca, siempre hay una luz a final del tunel. Trust me.



Queridos lectores:

Hoy volvemos a retomar el blog, no solo por gusto, sino también como terapia; retomar todas aquellas actividades que me llenan son mi motor para volver a retomar mis sueños, así que trataré de escribir entradas semanales donde, como siempre, les seguiré contando de mi vida, esperando que sigan sientiéndose identificados y que encuentren un poco de luz y guía a través de mis anécdotas.

El blog está renovado, quedo más pulcro, más limpio, sin perder el toque rosa que todos amamos por aquí; al igual que mi vida, que ha pasado por un torbellino de caos que solo está trayendo esa estabilidad y sanación que tanto me hacía falta. 

Hoy, queridos lectores, les doy la bienvenida a esta nueva versión del blog, que deseo de todo corazón les siga gustando y, como dijo Cindy La regia, espero que lo caminemos juntos.


Enjoy!


Love, 
-Mia <3





CONVERSATION

1 Opiniones:

Charlotte Islas dijo...

Amiga te amo y siempre te he admirado y se que eres grande y hermosa como tu alma!!! Te abrazo con el corazón y te mando besitos mua mua jajajaja
Eres muy chingona y como dijiste Dios esta con nosotras.
God Bless You!!!!!!

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